Vitam. Revista de Investigación en Humanidades. No. 1, 2019

PRESENTACIÓN

Hablar de territorialidades educativas y estéticas de los jóvenes abre múltiples vetas de exploración, las que atraviesan por el terreno de la formación ciudadana, los agenciamientos institucionales de las dinámicas juveniles, sus contrapartes, las esferas de enunciación, el posicionamiento de las identidades en juego, y un largo etcétera. En este caso, el número que ahora se presenta a la comunidad de investigadores en ciencias sociales y humanidades centra tales cuestiones en las escenas educativas y publicitarias. Como se puede leer en uno de los textos que conforman el presente número, cabe preguntase: ¿Cuál es la lógica profunda que subyace en la relación entre sujetos e imágenes? Es decir, cuál es la dinámica, tensa, entre ciertos sectores sociales y sus representaciones imaginarias, muchas veces coaguladas por dinámicas de poder, por prejuicios, por intereses ideológicos o económicos.

                Desde la educación básica hasta la posdoctoral, las instituciones educativas generan escenarios en los que la subjetividad se amolda y conforma de acuerdo a imaginarios que deben ser analizados, calibrados y, en todo caso, expuestos para su justa impugnación. En los planteles escolares se asiste al forcejeo de identidades, los jóvenes están sometidos a los vectores más fuertes del imaginario estatal, por un lado, y por otro sortean, de manera brutal, las expresiones más bruscas del magma comunitario en el que se cuecen prejuicios, descalificaciones y segregaciones.

                Las investigaciones emprendidas aquí atienden los intersticios por los que puede colarse la resiliencia de la singularidad y la autonomía. Como puede leerse en uno de los artículos, los jóvenes son capaces de repeler el magma que los funde en las distintas esferas de violencia, pueden emprender agenciamientos sociales y culturales de su valor singular. Lo mismo sucede en otros territorios, como el publicitario, en el que el magma de prejuicios se mueve indiferente a los sujetos y obedece ciego a imaginarios que, en última instancia, nadie puede cumplir cabalmente porque no atiende singularidades sino modelos, además está inscrito en dispositivos dinámicos y complejos que juegan con las superficies dérmicas y textiles (una autora recuerda la frase de Paul Valéry celebrada por Gilles Deleuze: “lo más profundo es la piel”). Fenotipos, imágenes y tonalidades conforman un territorio estético-político que se antoja como un horizonte de valiosas investigaciones a las que ahora abonamos nuestros esfuerzos.

Edgar Morales Flores

Responsable Editorial

Publicado: 2019-04-30

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