Conductas presentadas en niños entre 6 y 8 años por separación de los padres

El presente escrito trata de la recopilación de varios documentos donde se observan los diferentes comportamientos conductuales, posiblemente detonados por la separación de los padres de niños entre 6 y 8 años de edad. Es difícil entender que el tutor es quien debe proteger a los menores, sin embargo, en el transcurso de un divorcio los sentimientos involucrados dan pie a diferentes modos de agresión o violencia hacia los hijos, sin darse cuenta de que estos pueden desencadenar comportamientos negativos ya que no están preparados para afrontar los cambios que se requieren en esa situación.

Introducción

Se percibe que los niños entre las edades de 6 y 8 años que han vivido la separación de los padres adquieren diferentes tipos de comportamiento con su entorno social, por lo que se presume esta situación de los tutores podría ser una causal generadora de violencia en ellos; motivo por el cual se sugiere realizar test psicológicos periódicos a los niños para que prevengan cambios risibles en los mismos; así como el seguimiento desde un enfoque psicoanalítico.

Por lo tanto ¿Puede la separación de los padres ser un detonante de comportamiento violento o agresivo en niños entre 6 y 8 años en México?
Los tutores no se dan cuenta del daño que les ocasionan a los menores afectando su crecimiento intelectual, emocional, escolar, familiar, así como parte de la personalidad que desarrollará. De ahí que sea más probable el desencadenamiento de una serie de comportamientos negativos.

Se realizó la recopilación de varios documentos donde podremos conocer sobre las diferentes investigaciones realizadas en el cambio de comportamiento en niños de entre 6 años y 8 años de edad, percibiendo que los eventos de investigaciones posteriores pudieran hacerse con el objetivo de detectar desde un enfoque individual las afectaciones a los menores.


Mientras la humanidad siga recurriendo a la violencia para resolver los conflictos, no habrá paz ni seguridad en el mundo, y nuestra salud seguirá resintiéndose. Este informe es un elemento importante para abrirnos los ojos a la realidad de la violencia como problema de salud pública, y constituye una fuente de esperanza para el futuro. Quizá sólo cuando nos demos cuenta de que la violencia está destruyendo nuestros cuerpos y nuestras almas comenzaremos a hacer frente colectivamente a sus raíces y a sus consecuencias. El presente informe es un paso importante en esa dirección. (Arias, s.f. según citado en Organización Mundial de la Salud Ginebra, 2002)

La Organización Mundial de la Salud Ginebra (2002) (OMS) define la violencia como:

El uso deliberado de la fuerza física o el poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones.

De la Cruz (2008) señala que cuando los tutores se separan, pueden hacerlo de muchas maneras; algunas de ellas salvaguardan a los hijos de los conflictos conyugales y otros los incluyen poniéndolos en el médula de la cruzada, olvidando sus necesidades, desprotegiéndolos y generándoles serios trastornos emocionales.

Gardner (1987, según citado en De la Cruz, 2008, pp.150-151) define el Síndrome de Alienación Parental, (SAP) de la siguiente manera:

Es un trastorno que surge principalmente en el contexto de las disputas por la guarda y custodia de los niños. Su primera manifestación es una campaña de difamación contra uno de los padres por parte del hijo, que no tiene justificación. El fenómeno resulta de la combinación del sistemático adoctrinamiento (lavado de cerebro) de uno de los padres y de las propias contribuciones del niño dirigidas a la denigración del progenitor objeto de esta campaña.

Por lo anterior dentro del SAP se encuentran varios tipos de estos, de los cuales consideraremos el nivel severo, donde el daño a los menores es extremo ya que los hijos están por lo general perturbados, pueden entrar en pánico, paralizarse, experimentarían depresión, una marcada angustia, crisis de llanto e ideas suicidas, se vuelven provocadores y destructores llegando al límite de tener que regresar con el padre, el cual se encuentra a cargo de ellos o el progenitor alienador.

Por otra parte, Segura, Gil, & Sepúlveda (2006) en su artículo “El síndrome de alienación parental: una forma de maltrato infantil”, hacen referencia a que existen pocos estudios con respecto a las consecuencias que el SAP pudiera tener en los menores; sin embargo en las observaciones realizadas cuando los menores tienen que interactuar con el tutor rechazado presentan trastornos de ansiedad, trastornos en el sueño y en la alimentación, conductas agresivas, conductas de evitación, utilizan lenguajes y expresiones de adultos, dependencia emocional, dificultades en la expresión y comprensión de la emociones.

Núñez, Pérez, & Castro (2017) mencionan en su investigación que:

La familia es considerada como la célula base de la sociedad por su papel en el cumplimiento de importantes funciones afectivas, educativas y socioeconómicas. Pero en la actualidad se ha visto afectada por el fenómeno del divorcio (referido a uniones legales estables) o separación (referido a uniones consensuales), donde la mayoría llegan a ser nocivos para cada uno de los miembros de la familia, causando mayor impacto en los hijos.  

El divorcio o separación conyugal no solo constituye un fenómeno estadístico, demográfico y sociológico de extraordinaria extensión y amplitud, sino que se caracteriza por ser particularmente un proceso psicológico significativo con implicaciones profundas en la vida de los individuos. Bengoechea (s.f., según citado en Núñez, Pérez, & Castro, 2017, p. 298).

A su vez, también refiere que este comprende compuestas definiciones del divorcio: legal, económico, físico, emocional, familiar, que impacta en todas las facetas de la vida y exige una reorganización cuidadosa en las mismas y en los sujetos afectados.

Derivando de los anteriores problemas físicos, emocionales, escolares y sociales a corto, mediano y largo plazo, se trata de identificar en la edad escolar, los síntomas y signos psicológicos relacionados con el divorcio separación de los padres. Además, identificar los factores o acontecimientos potencialmente patógenos que aparecen posterior al divorcio y explorar las actitudes asumidas por los cuidadores primarios.

Reyes, Sánchez-Barranco, & Sánchez-Barranco (2004) en su artículo “Separación o divorcio: Trastornos psicológicos en los padres y los hijos”, describe que el estado de crisis del niño, cuando aún está vigente el desequilibrio emocional del padre o de la madre después de la separación o el divorcio, consigue encolerizar los problemas entre ellos en lugar de servir de sostén, lo que es especialmente influyente cuando los hijos son menores de tres años.

Por otra parte, los efectos de la separación o divorcio de los padres también perturba gravemente el desarrollo social de los hijos, al quebrantarse las bases de apoyo social con las que contaban hasta entonces. Con regularidad, después del divorcio o la separación, los niños han de efectuar un costoso esfuerzo adaptativo a nuevos contextos. Junto a estos escenarios, en la casa se encuentran con unas ocupaciones paternales seriamente disminuidas, justo en el período en el que necesitan más que nunca de un ambiente estable y sensible, para desarrollar su personalidad tanto fuera como dentro de la “familia”. Con frecuencia, los cambios consecuentes a la separación exigen a algunos de los hijos adjudicarse una serie de compromisos dentro del hogar o, incluso, tener que salvaguardar a un padre o a una madre emocionalmente necesitados. Este suceso puede ser motivo de orgullo para el niño e incluso beneficiar el desarrollo del sentimiento de compasión y de responsabilidad moral, pero, si la realidad es extendida, el costo que han de pagar es muy alto, pues pierden la oportunidad de disfrutar de los libertades de la infancia y de la adolescencia, así como de importantes opciones de su desarrollo social.

En consecuencia, el padre alienador si se ve traicionado por los menores le castiga de una forma sutil, esto es, con chantajes afectivos, retirada de muestras de cariño e incluso castigos físicos, lo que detonaría en los hijos comportamientos hostiles y alteraciones psicopatológicas graves.
Por último, Salzberg (1992) explica que en el casamiento convergen dos tipologías de lazos, los conyugales y los parentales. El divorcio solo disuelve los primeros, más nunca desaparecerán hacia los hijos los lazos parentales. Cuanto antes los ex – esposos recuperen la función parental, más protegidos estarán los hijos.

Un divorcio no determinado por los padres, puede articularse a través de un síntoma psicopatológico en el hijo. Proteger a un hijo es permitirle: no apreciarse culpable ni pretender que el origen del divorcio o, que si él no hubiera nacido, sus padres en estos momentos no hubiesen tenido problemas entre ellos; además no entrar en medio de la cruzada de sus padres, ser atendido como sujeto y no como un objeto a disposición arbitraria por uno u otro de los cónyuges, creer que lo siguen queriendo como antes de que iniciara el divorcio, expresarle verazmente sobre lo que está ocurriendo y favorecer la expresión de sus opiniones, temores y angustias.

Conclusiones

En conclusión percibo que, con base en los trabajos e investigaciones a los que pude tener acceso vinculados con la separación familiar o matrimonial y residencia perjudicial de los niños, los estudios se tornan muy fríos y desligados de las emociones que generan por parte de los implicados. Esto es: se centran en el enfoque social y/o familiar y, no desde el enfoque del individuo, dejando un vacío de investigación que no establecen como detectar a estos niños afectados por los problemas antes mencionados y, por tanto, no sean referidos a un psicólogo.

Por otra parte, se detectó que la separación no solo afecta al menor desde el punto social, ya que los niños son afectados emocionalmente, traumados de por vida, marcados en su personalidad y, justamente no detectar estos factores a tiempo, probablemente implicarían que no se les de la atención psicológica adecuada para erradicar este problema.

Se puede concluir que los textos antes citados nos llevan a entender el cambio drástico, físico y emocional a los que los menores se enfrentan. Los tutores no se dan cuenta del daño que les ocasionan afectando su crecimiento intelectual, emocional, escolar, familiar, así como, parte de la personalidad.

Es preciso que los tutores permanezcan dando seguridad y afecto a los menores para que no se vea deteriorado su progreso evolutivo y, en caso de que sean involucrados agresivamente los menores entre ambos progenitores, y aun cuando sea una separación contextualizada en un ambiente sereno, se debería tener la obligatoriedad de asistir a sesiones terapéuticas.

Lo anterior debido a que una situación de separación y divorcio nunca repercutirá de la misma forma en los miembros que la componen, ni en las relaciones que establecen entre ellos. Esto implica que pudieran estar creando un “monstruo”, pasando de ser víctima a victimario.

Se sugiere que la investigación también se haga basada en el individuo, en la afectación que el menor puede tener en su desarrollo, llevando a una estadística y a una investigación cuantitativa mucho mas profunda, mediante baterías de pruebas psicológicas, proponiendo considerar como prototipo inicial las escuelas a nivel primaria.  

Referencias

Comisión Nacional de los Derechos Humanos México. (2011). Alienación Parental. México, D.F.: D. R. © Comisión Nacional de los Derechos Humanos. doi: ISBN: 978-607-8211-22-7

De la Cruz, A. C. (2008). Divorcio destructivo: cuando uno de los padres aleja activamente al otro de la vida de sus hijos. Diversitas: Perspectivas en Psicología, 4(1), 149-157. Recuperado el 10 de 03 de 2020, de https://www.redalyc.org/pdf/679/67940112.pdf

Núñez, C. S., Pérez, C., & Castro, M. (2017). Consecuencias del divorcio-separación en niños de edad escolar y actitudes asumidas por los padres. Revista Cubana de Medicina General Integral, 33(3), 296-309. Recuperado el 12 de 02 de 2020, de http://scielo.sld.cu/pdf/mgi/v33n3/mgi03317.pdf

Organización Mundial de la Salud Ginebra. (2002). Informe mundial sobre la violencia y la Salud Sinopsis. Ginebra: © Organización Mundial de la Salud. Recuperado el 10 de 03 de 2020, de https://www.who.int/violence_injury_prevention/violence/world_report/en/abstract_es.pdf

Reyes, O., Sánchez-Barranco, F., & Sánchez-Barranco, P. (octubre-diciembre de 2004). Separación o divorcio: Trastornos psicológicos en los padres y los hijos. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría(92). Recuperado el 26 de 03 de 2020, de http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0211-57352004000400006

Salzberg, B. (1992). Los niños no se divorcian. RTS: Revista de treball social(143), 209. doi:84-88281-01-3

Segura, C., Gil, M., & Sepúlveda, M. (2006). El síndrome de alienación parental: una forma de maltrato infantil. Cuadernos de Medicina Forense. Recuperado el 01 de 04 de 2020, de http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1135-76062006000100009