Panorama de la discriminación laboral hacia personas trans en México

Este artículo hace una recopilación de información referente a la discriminación que sufren las personas con identidad trans (travestis, transexuales y trangénero). Esto con la finalidad de entrar en contexto para entender el origen de la discriminación laboral de este sector, así como sus implicaciones, pues de momento se han hecho diferentes estudios, pero todos tan diversos que resulta problemático entrar en contexto de los efectos psicológicos que representa dicha discriminación enfocado en el ámbito laboral.

Introducción 

A lo largo de la historia de la humanidad, la sexualidad siempre ha sido un tema problemático llegando a encasillarlo como tabú, por ello, cualquier práctica que desafíe las normas establecidas alrededor del sexo o la genitalidad, es severamente castigado. 

Ejemplo de ello, son las personas transgénero, que desafían los roles socioculturales establecidos según su genitalidad; así como las personas transexuales que “atraviesan” el género demostrando que existen diferentes formas de ser hombre, mujer, persona.  

Transgreden esa fina capa entre genitalidad y género poniendo en tela de juicio esos tan arraigados roles de género a través de los cuales se construye nuestra sociedad.  

Todo esto provoca que este sector de la sociedad sea estigmatizado, silenciado e incluso olvidado, dejándoles en condiciones vulnerables ya que, en algunas situaciones, ni siquiera cuentan con leyes que les protejan.  

Tal es el caso del sector laboral, que los discrimina sin considerar sus aptitudes, dejando a las personas trans sin otra opción más que la prostitución. Por ello, en este artículo se pretende estudiar los efectos psicológicos de esta presión social en el ámbito laboral.   

Sexualidad, género e identidad 

Para comenzar, es de suma importancia entender diferentes términos relacionados al género ya que serán relevantes para la investigación evitando así confusiones referentes a las identidades trans. 

Foucault menciona que: “fue a partir del siglo XVII que comienza la precesión sexual con el fortalecimiento de la moral judeo-cristiana. Lo cual se ve reflejado una serie de prácticas y saberes que regularán la conducta de toda una generación”. (Aravena, 2015) 

Y fue, según Nieto, a raíz del surgimiento del VIH SIDA que comienza a estudiarse la sexualidad sin el enfoque netamente biológico, prestando más enfoque a la cultura y su construcción social, lo que significa una representación de la sexualidad en la cultura (2003). 

Esto nos permite una nueva perspectiva referente a la sexualidad, ya que deja de ser un factor netamente biológico y se ve involucrada la cultura como factor determinante de las diferentes prácticas permitiendo darle una importante relevancia a la particularidad cultural de sociedades concretas.  

Es así como La Barre (según citado en Aravena Novoa & Atenas Polanco, 2015), logra proponer tres tipos de sexualidad; la sexualidad primaria que alude a la sexualidad biológica y morfología anatómica; la sexualidad secundaria, referente a los rasgos corporales sufridos en la adolescencia que hacen la diferenciación masculino/femenina y la sexualidad terciaria, centrada en la cultura, alude principalmente a la asignación del sexo, rol de género y orientación sexual.  

A continuación, definiremos estos últimos términos para una mejor comprensión del tema:  

El Glosario de la Diversidad Sexual, de Género y Características Sexuales (según Torres, 2019), describe que:  

La palabra sexo hace referencia a “…los cuerpos sexuados de las personas; esto es, a las características biológicas (genéticas, hormonales, anatómicas y fisiológicas) a partir de las cuales las personas son clasificadas como machos o hembras de la especie humana al nacer”, a quienes se nombra como hombres o mujeres, respectivamente. (Torres, 2019)

Mientras tanto, Torres define el género como:

Las expectativas de comportamiento socialmente asignadas a los sexos. El género se determina, entonces, como una dimensión sociocultural compleja que constituye un conjunto de significados establecidos conforme a las normas y las reglas de una sociedad determinada, los cuales permiten diferenciar, por medio de estereotipos, roles o expectativas, el deber ser de los hombres y las mujeres en un contexto determinado. (Torres, 2019)

Torres (2019), asegura que los Principios de Yogyakarta1 determinan que la orientación sexual es la capacidad de cada persona de sentir una atracción erótico-afectiva por personas de un sexo o género diferente o igual al suyo, así como la capacidad de mantener relaciones erótico-afectivas (p.7). 

 De este modo se nombran a las personas heterosexuales como aquellas que sienten atracción por el sexo opuesto, siendo la orientación sexual válida desde una perspectiva moral, ética o cultural, nombrando a todo lo diferente a heterosexual, como homosexual (gay, lesbiana), bisexual y asexual como términos de referencia. 

 Teniendo claros estos términos, lograríamos definir la identidad de género como la forma en la que nos proyectamos ante los demás y la forma en la que deseamos ser reconocidos. Todo esto de forma personal puede variar e incluir modificaciones corporales, hormonales, entre otras expresiones de género como la vestimenta, la forma de hablar y los modales.  

Para Torres (2019), “la expresión de género es la manifestación de dicha vivencia, tanto en apariencia como en acciones y características, e incluye expresiones como la forma de hablar, manierismos, modo de vestir, comportamiento personal, comportamiento o interacción social, modificaciones corporales”, etc. 

Por lo tanto, se pueden encontrar diferentes variantes del género como los conceptos de cisgénero, personas cuya identidad de género y sexo asignado al nacer coinciden; persona trans, personas que se identifican con el género contrario al asignado al nacer o incluso personas que no se identifican con la binariedad hombre/mujer; mujeres trans, que hace referencia a personas cuyo sexo asignado al nacer fue considerado social y biológicamente como hombre o masculino mientras que su identidad de género es de mujer o femenina; y hombres trans, cuya identidad de género es diferente a la asignada por su genitalidad. 

Es por esto por lo que al momento de nacer somos estructurados bajo las normas y significaciones sociales, y si se desvía del camino es visto de forma negativa, como es el caso de las personas transexuales que nacieron con un sexo no acorde a su identidad, y la lucha que deben hacer cada día por ser aceptados en esta sociedad impregnada de tipificaciones y estigmatizaciones.  

 En la medida en que somos seres sociales, criados en una cultura y bajo determinadas condiciones objetivas y subjetivas, se determinan una serie de disposiciones, marcos mentales y principios para la acción que luego se debe reproducir en la realidad misma. 

Relación género-discriminación 

Desde el punto de vista de Foucault (1992), la sexualidad resulta un ejercicio de poder y de saber a traves del cual se construye lo que es normal, lo falso, lo aceptable, lo anormal y lo prohibido, logrando así el control de los cuerpos por medio del lenguaje, de la moral, de las leyes, de la cultura o la educación. 

Por discriminación hacemos referencia a todo acto de aceptación negativa carente de razonabilidad, haciendo distinción, exclusión o restricciones debido a una supuesta diferencia. 

Como ya hemos mencionado anteriormente, existe una gran variedad de representaciones del género, identidades y sexualidades; sin embargo, toda esta diversidad sexual se encuentra altamente marginada debido a esta heteronormatividad, la cual, según Aravena Novoa & Atenas Polanco (2015), es definida como un principio organizador que hace de la heterosexualidad reproductiva el parámetro desde el cual juzgar, aceptar o condenar las diferentes prácticas. 

Todo esto se ve reflejado en transfobia, es decir, rechazo y odio hacia las personas trans, ya que las normas biologicistas y binarias impiden transitar hacia el otro sexo, percibiendo el género como una categoría fija; lo cual incide firmemente en su desarrollo vital al restringir su participación en la cotidianidad, encontrando una serie de limitantes en múltiples esferas del medio social. 

Inserción laboral 

Para profundizar en el término de inserción laboral, éste hace referencia al proceso de inclusión de los individuos a la actividad laboral económica. En especial de individuos que pertenecen a grupos poblacionales específicos que a lo largo de la historia se han invisibilizado por las desigualdades socioeconómicas o generacionales que son resultado de los estereotipos o percepciones. 

Como contraparte, surge la discriminación como conducta sistemática construida culturalmente y dirigido a personas o grupo de personas con el fin de vulnerarles y la exclusión laboral, relacionada con el descarte en el mercado laboral de personal con intenciones de laborar, pero que, por distintas características personales, socioculturales o políticos, no se pueden vincular.  

Teniendo en cuenta lo anterior, surgen algunos escenarios que generan riesgo de exclusión como son: la subocupación demandante, ocupados no registrados, intermitencia laboral o trabajos por temporada. 

Se debe agregar que la discriminación y la exclusión laboral, en el caso de la identidad de tipo transgénero, se sustenta en una condición de transfobia, entendida como aquella manifestación en la que se concibe a la persona transexual como alguien contrario, inferior o anormal. Esta conducta se considera como un medio irracional basado en las creencias y valores sustentados en estereotipos negativos que promueven la aversión frente a las personas transexuales reaccionando con odio, represión y marginación.        

Ahora bien, es importante señalar que la discriminación laboral surge como consecuencia de lo anteriormente señalado, lo cual también se ve reflejado en las estructuras jurídicas, ya que estas también participan en el mantenimiento de la discriminación. 

Por ejemplo, al rechazar el cambio de nombre y sexo que muchos y muchas personas transexuales desean realizar. Las personas transexuales, al poseer una identidad de género distinta a lo que dicta su anatomía sexual, sienten la necesidad de modificar el nombre que se les asignó al nacer según sus genitales, con el fin de que el nombre que las acompañe actualmente sea acorde a su identidad de género.  

Junto con esto, realizar el trámite de cambio de sexo para que se les reconozca legalmente. El significado que posee el portar un determinado nombre y sexo que no se condice con el aspecto físico, conlleva al surgimiento de una serie de formas de discriminación que se plasman tanto en lo cotidiano, como en otras esferas formales, tales como estructuras laborales y de salud.  

Las personas transexuales se encuentran insertas en una sociedad cuya construcción binaria en torno a la sexualidad y género dificulta la aceptación de otras personas cuyos cuerpos se encuentran en tránsito entre lo femenino y masculino, y viceversa, algunas de las cuales eligen vivir permanentemente en el tránsito y ambigüedad.  

A raíz de lo anterior, y dado el profundo desconocimiento y desinformación en torno a las experiencias de las personas transexuales, que reside en múltiples ámbitos de la sociedad, es que se precisa la comprensión de lo que implica ser transexual, y su construcción identitaria. 

Panorama de la discriminación laboral hacia personas trans en México 

Como menciona Torres (2019), aún a mediados de los años noventa la visibilidad de las personas trans en México era casi nula. No obstante, las luchas políticas por parte de colectivos trans dieron paso a una mayor comprensión de sus vidas y necesidades, posicionándolos también como un “eslabón” importante de la gran gama de la diversidad sexual.   

Sin embargo, en la Encuesta sobre Discriminación por motivos de Orientación Sexual e Identidad de Género (ENDOSIG), revela que prevalece la discriminación en todos los ámbitos: salud, empleo, educación y justicia (Torres, 2019). 

Debido a esta discriminación y como bien menciona Gómez-Ramírez & García (2012), debido a condiciones socio-emocionales de pobreza material pronunciadas en algunas mujeres trans, se ven obligadas a ejercer o han ejercido trabajo sexual en algún momento de sus vidas.  

Siendo las trabajadoras sexuales la población trans más visible en el imaginario popular de la Ciudad de México, genera repercusiones claras en la manera en la que estas mujeres son percibidas y tratadas socialmente. 

Esto deja en gran desventaja y un reducido campo laboral para las mujeres translimitándolas fundamentalmente a tres campos: el de estilistas, shows y el trabajo sexual.  

Como apunta Hill (según citado en Páez, Hevia, Pesci, & H. Rabbia, 2015) “la investigación en violencia antitransgénero es especialmente débil debido a la ausencia de un marco conceptual desde el cual entender el odio dirigido hacia esta comunidad”, lo cual representa una falta de empatía e invisibilización del problema, muestra de ello es la falta de estudios en México que visibilicen la realidad de las personas trans, cuya importancia resulta fundamental para dar cuenta de las condiciones reales a las que ha sido expuesta históricamente esta comunidad, especialmente en el ámbito laboral y sus consecuencias psicológicas para poder tener un panorama más amplio de la problemática, así como sus necesidades, que nos permita desarrollar un plan de intervención. 

Referencias 

Aravena Novoa, G., & Atenas Polanco, L. (2015). Personas Transexuales y Discriminación Laboral en la ciudad de Concepción. Tesis, Universidad del Bío-Bío, Facultad de Educación y Humanidades, Chile. Obtenido de http://repobib.ubiobio.cl/jspui/bitstream/123456789/1388/1/Aravena_Novoa_Gabriela.pdf 

Barrientos Delgado, J., Espinoza-Tapia, R., Meza Opazo, P., Saiz, J. L., Cárdenas Castro, M., Guzmán-González, M., . . . Lovera Saavedra, L. (2019). Efectos del prejuicio sexual en la salud mental de personas transgénero chilenas desde el Modelo de Estrés de las Minorías: Una aproximación cualitativa. Terapia Psicológica, 37(3). doi: https://dx.doi.org/10.4067/S0718-48082019000300181  

Boivin, R. R. (2014). “Se podrían evitar muchas muertas” Discriminación, estigma y violencia contra minorías sexuales en México. Sexualidad, Salud y Sociedad (Río de Janeiro). doi: https://dx.doi.org/10.1590/S1984-64872014000100006  

Campo-Arias, A., Oviedo, H. C., & Herazo, E. (2014). Estigma y discriminación a profesional de la salud transgénero. Revista de la Facultad de Medicina. doi: https://dx.doi.org/10.15446/revfacmed.v62n1.43693 

Foucault, M. (1992). Vigilar y castigar, Nacimiento de la Prisión. Paidós. 

Gómez-Ramírez, O., & García, F. (2012). Vivencias de las mujeres trans para la formación de políticas. Género y salud en cifras, 10(2/3). 

Torres, R. C. (2019). Derechos humanos de las personas trans: en búsqueda de la identidad y la justicia socia. Cuadernos de la CODHEM

Nieto, J. A. (2003). Antropología de la Sexualidad. España: Talasa. 

Páez, J., Hevia, G., Pesci, F., & H. Rabbia, H. (2015). Construcción y validación de una escala de actitudes negativas hacia personas trans. Revista de psicología, 33(1). Obtenido de https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=337838597006 

Torres, R. C. (2019). Derechos humanos de las personas trans: en búsqueda de la identidad y la justicia social. Cuadernos de la CODHEM. Obtenido de https://www.codhem.org.mx/LocalUser/codhem.org/htm/dhs/personas.pdf 

[1] Son los principios orientadores sobre cómo se aplica el marco internacional de derechos humanos al tema de la diversidad sexual. Fueron desarrollados en 2006 por la Comisión Internacional de Juristas y el Servicio Internacional para los Derechos Humanos y son un documento de referencia para la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH). Son aceptados por los países miembros, México incluido. 

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